Aproximación histórica

Los Moros Marinos

En el ocaso del siglo, en 1.900, y contando desde entonces con una subvención municipal, el festejo siguió rigiéndose por los mismos cánones, en medio de una gran animación de gente forastera atraída por la devoción que inspiraba la imagen, las propiedades de nuestras aguas sulfurosas y el regocijo de moros y cristianos integrado por las comparsas de Estudiantes, Marineros, Tomasinas, Labradores, Moros Marinos, Kábilas y Turcos, para presentar con el nuevo siglo XX sobresalientes novedades, al quedar consolidada en cuatro jornadas de agosto.

Como pórtico a los felices años veinte, nuevas comparsas aparecieron en el escenario festero, así como un nuevo castillo en 1.918, que como sus dos anteriores, oyó los grandilocuentes versos que el laureado magistrado Joaquín José Cervino Ferrero compuso ex profeso para nuestra fiesta en 1860 y que ante sus murallas, en el silencio religioso de la plaza convertida en una verdadera batalla de trabucos y arcabuces, recitan los Embajadores, y en cuya torre ondea la enseña victoriosa tras la lucha de arma blanca de los capitanes.

La Nit del Riu

La fiesta antota en sus anales momentos felices y extraordinarios, como los vividos en 1924 con la regia concesión del título de "Muy Caritativa", o delicados cuando al clero, durante la II República, les fue prohibida su participación en los actos religiosos de 1933, o brillantes con la celebración en 1935 del LXXV Aniversario de su creación, o tristes con la quema y destrucción de la cetrina talla del Ssmo. Cristo de la Agonía en el verano de 1936 que llevo a suspender durante tres amos los gozosos episodios que rememoran tiempos del medioevo. Tras el paréntesis de la guerra civil con sus tristes y dolorosos días, la fiesta organizó su tramoya de forma sencilla, con la bendición de la nueva imagen del patrón de moros y cristianos y la construcción de una nueva alcazaba realizada con maderas y arpillera pintada, animados con el Consistorio Municipal y la Sociedad de Festeros, cuyas huestes en el discurrir de los días quedaron engrosadas con el nacimiento de nuevas comparsas.

En el ecuador del siglo XX, la fiesta de 1.950, en la que participaron las comparsas de Estudiantes, Labradores, Churros, Marineros, Contrabandistas y Fontanos por el bando cristiano y Moros Españoles, Benimerines, Kábilas, Moros Marinos, Mozárabes y Berberiscos por el sarraceno junto a las fragatas "Méndez Núñez", "Almanzor", la corbeta "Victoria", que en otros días tuvieron su protagonismo no solo en la desaparecida "Nit del Riu" sino en la entrada junto a las artísticas carrozas, cuyos tripulantes obsequiaron al público con dulces y juguetes, vivió el preámbulo de la remodelación de la sede social de la Sociedad de Festeros, que desde 1921 gozaba de la propiedad de un edificio en la antigua plazoleta de Latonda, después de permanecer desde sus inicios en la Plaza Constitucional.

Entre un ascua de oro y un río de vivas sensaciones se vivió con esplendor el I Centenario de los Festejos que preparados con ilusión resultaron brillantísimos así como los vividos en 1985 con motivo del CXXV Aniversario de su creación, después de haber recibido en 1970 la declaración de Interés Turístico Nacional, y haber sido sede del II Congreso Nacional de la Fiesta de Moros y Cristianos.

La fiesta guiada por hombres y mujeres vio modificar sus estatutos y reglamento en el suceder de los días, modificar horarios e itinerarios, incorporando a la mujer como festero de pleno derecho, dignificar los diferentes cargos festeros, contar con dos nuevos castillos inaugurados en 1948 y 1985, incrementar hasta doce las comparsas que componen cada una de las dos huestes - Estudiantes, Guzmanes, Arqueros, Cruzados, Contrabandistas, Fontanos, Almogávares, Astures, Labradores, Cides, Marineros, Bucaneros, Estudiantes, Moros Marinos, Chanos, Omeyas, Benimerines, Abencerrajes, Kábilas, Moros Españoles, Sauditas, Mudéjares, Mozárabes, Taifas y Berberiscos- contar con nuevas piezas musicales escritas por su propios compositores que junto a nuestras preces conforman el testimonio de nuestra fe y tradición.

Rafael A. Gandia Vidal
Uno de los antiguos castillos
Manuscrito de las Embajadas
Els Mariners